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Sin embargo fue el arqueólogo, también inglés, C.L. Woolley (1880-1960) quien ha pasado a la historia de la arqueología como el gran descubridor de Ur, gracias al descubrimiento y la excavación de las tumbas de unos arcaicos reyes sumerios, cuya existencia era totalmente desconocida en el siglo XX. LAS EXCAVACIONES DE CHARLES LEONARD WOOLLEY EN TELL AL-MUQQAYAR
A la excitación inicial producida por los hallazgos de la cata A se sobrepuso la prudencia de Woolley, quien comprendió inmediatamente que era mejor investigar todo lo posible antes de enfrentarse con lo que aquel yacimiento prometía[3]. Por tanto, la cata A se cerró y los esfuerzos del equipo se centraron en el edificio de la cata B, que resultó ser el templo buscado.
Segunda Campaña: Woolley regresó a Irak en el otoño de 1923 y los trabajos continuaron. El equipo volvió al desescombro alrededor del zigurat y, muy cerca de él, descubrieron un patio rodeado de habitaciones, que se consideró residencia sacerdotal. Tercera Campaña: El nuevo trabajo de campo comenzó en noviembre de 1924, en otro templo detectado al este del zigurat. Simultaneando el trabajo en la zona sagrada con el desescombro de otro punto de la ciudad, Woolley destapó una gran cantidad de viviendas, que le aportaron mucha información sobre la vida cotidiana en Ur.
Cuando en 1925 pararon el trabajo y Woolley volvió a casa, pasó los meses siguientes preparando la documentación necesaria para abordar la próxima campaña, consistente en continuar excavando entorno al zigurat. Cuarta Campaña: Al comienzo del otoño de 1925 la misión arqueológica siguió trabajando en los edificios descubiertos el año anterior: los templos y residencias sacerdotales aledaños al zigurat y el palacio real con su propio templo.
AA mediados de febrero se detuvo el trabajo y Woolley volvió a Inglaterra para estudiar los excitantes hallazgos, algunos ya datados en el tercer milenio antes de Cristo, y preparar la siguiente campaña[5]. Durante la temporada 1926-1927 se habían destapado 450 tumbas, que aportaron diversos materiales no demasiado espectaculares. Los trabajos de Woolley se publicaron en la prensa inglesa y la escritora Agatha Christie no dudó en viajar a la excavación en la temporada siguiente, incluso llegando a participar en ella, en cierto modo[6]. Sexta Campaña: Fue durante los años 1927-1928, dos meses después de empezar el trabajo cuando se produjo el descubrimiento más espectacular, a la vez que aterrador: fue la llamada por sus descubridores "Fosa del Rey". (fig. 4)
[1] En las descripciones de estas visitas al lugar se mencionaron como una curiosidad el hallazgo de piezas de barro cocido y fragmentos de piedra con escritura cuneiforme. [2] Había encontrado un cono de arcilla con escritura cuneiforme, que trataba de la fundación de un templo. [3] Después de analizar los primeros hallazgos, Woolley esperó cuatro años, dedicando este tiempo a estudiar a fondo lo poco que hasta entonces se conocía de la arqueología mesopotámica, y a seleccionar los obreros nativos más cuidadosos en la labor de campo, a la vez que más honrados, ya que el cementerio prometía contener abundantes piezas de oro, el metal eternamente codiciado. [4] En el período 5000-4000 a.C. gran parte de Mesopotamia compartió una cultura común llamada Ubaid, caracterizada por un tipo propio de cerámica. Tuvo sus orígenes en los llanos aluviales meridionales. De hecho, fue durante este período cuando las primeras aldeas identificables se desarrollaron en esta región, donde la gente cultivó la tierra y pescó en los ríos y en las costas del Golfo Pérsico. [5] La mayor parte de las inhumaciones se reducían a cuerpos envueltos en esteras o cañas, sin ningún objeto asociado. [6] Agatha Christie había leído los informes emocionantes que llegaban a Inglaterra sobre los descubrimientos de la ciudad antigua de Ur, que comenzaron a aparecer en las noticias ilustradas de Londres en 1925. Como el lugar estaba siendo excavado por el arqueólogo inglés sir Leonard Woolley, y puesto que algunos de sus hallazgos incluso habían rivalizado con los que emergían de la tumba de Tutankhamon en Egipto, en 1927, se decidió a viajar hasta Irak. La llegada de Agatha a Ur hizo muy feliz a Katharine, la esposa de Woolley, que había estado leyendo El asesinato de Roger Ackroyd (1926), uno de los misteriosos casos de la célebre autora, incluso había inducido a leerlo a un joven colaborador de su marido llamado Max Mallowan. También Leonard Woolley la acepto con agrado y le permitió inspeccionar la excavación para que ella pudiera imaginar las vidas de los antiguos habitantes de Ur. El trabajo, el ambiente de compañerismo en la casa de la expedición, el paisaje exótico y la visión de los objetos encontrados cautivaron la imaginación de la escritora y aceptó una invitación de los Woolley para volver al final de la siguiente estación y, el mismo año 1928 escribió su novela Asesinato en Mesopotamia. En 1930 Agatha se casó con Max Mallowan, el ayudante de Woolley.
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