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PRECEDENTES:
ARQUITECTURA
GRECIA CLÁSICA
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Plano del Santuario
de
Apolo, en Delfos.
(AMPLIAR)

Esfinge de Naxos
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Contra el muro se levantó un pórtico jónico erigido por los atenienses,
para exponer los botines obtenidos de los enemigos. Si traducimos
hopla y acrótera como amarras y mascarones, es posible que
allí fueran expuestos los trofeos de la batalla naval de Salamina o la
posterior de Micala.
El pórtico da entrada a un gran espacio abierto denominado Halos,
destinado a una representación anual: la muerte de Pitón a manos de
Apolo.
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Dando la vuelta a la Vía Sacra nos encontramos
ante el templo de Apolo.
El edificio más importante del santuario, como es
evidente, era el templo dedicado a Apolo, donde bajo su cella,
existía una sala subterránea, donde, la pitia, tomaba asiento en
el trípode, y bajo las emanaciones de la grieta, abierta en esta
dependencia, entraba en trance. Pese a los años de excavaciones,
la situación de estas salas proféticas no estas están
identificadas con toda seguridad. |

Detalle del muro
poligonal, Delfos |
Los restos que podemos contemplar en la actualidad pertenecen, en su
mayor parte, a la reconstrucción del s. VI a.C. Según Pausanias el
primer templo de Apolo fue una cabaña de ramas de laurel, después
se edificó otro edificio cuyos materiales eran la cera y las
plumas, asemejándose a una colmena, quizá porque respondiera a una forma
circular. Después se edifico una estructura de bronce, realizada por
Hefaistos, según el mito. Todas estas estructuras deberían ponerse en
relación con las construcciones de la Edad Oscura, en esencia serían
reproducciones de las viviendas cotidianas, mitificadas por la leyenda.
Los primeros atisbos de realidad comienzan con la aparición de los
nombres de dos arquitectos míticos Trofonio y Agamades. A esta
edificación pueden responder una serie de losas y restos de columnas que
podían pertenecer a un edificio destruido por un incendio descrito por
Herodoto.
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Templo de Apolo |
Olvidándonos de esta serie de edificios míticos,
al templo de Trofonio y Agamades le sustituyó un templo
sufragado por la poderosa familia de Pisistrato, ayudado por las
aportaciones de varias poleis.
Este primer templo real, se realizó bajo los
cánones del orden dórico, con seis columnas en los lados menores
y quince en los lados mayores.
La mayor parte del material fue piedra caliza,
sin embargo, su fachada principal se ejecutó en mármol de Paros.
Se ha hallado varias esculturas del
frontón oriental, que representaba la llegada triunfal de Apolo
a Delfos, con la cuadriga del dios en el centro de la escena.
Existen otros restos que podrían relatar una
Gigantomaquia, que se suele atribuir, con muchas dudas a
Antenor, escultor ateniense de la famosa koré. |
El templo del s. VI a.C., fue inaugurado
en el 330 a.C. Y fue obra del arquitecto Espitanos de Corinto
continuado por Agatón, y era muy similar al templo anterior, con un
tamaño de 23,80 m por 60,30 m., prácticamente las mismas dimensiones del
templo dórico, períptero, con seis columnas en los frentes y quince en
los lados. Es posible que contara con una doble cella entre la pronaos y
el opistódomos. No ha quedado nada de las esculturas de los frontones
que eran obra de Praxias y de Androstenes, con la representación del la
llegada de Apolo a Delfos en el lado este, el principal y Dionisios y
las ménades en el oeste. Ante el templo se alzaba un gran altar,
parcialmente reconstruido.
La funcionalidad de este edificio estaba relacionada, como todo el
santuario, con la consulta del oráculo, con lo cual no se entiende el
edificio sino se explica el ritual, para el que fue edificado. La
persona que deseaba consultar el oráculo de Delfos debía, como primer
acto, ofrecer una ofrenda delante de la portada del templo, generalmente
una torta de cereales y miel, el denominado pélanos. Con esta acción el
hombre pretendía ser grato al dios y conseguir el acceso al templo. En
tiempos más avanzados esa sencilla ofrenda sería sustituida por el cobro
de una cantidad en metálico, que repercutía en las arcas del santuario.
Había de ser, luego, examinada con todo lujo de detalles la víctima que
se presentaba para el sacrificio, generalmente una cabra. Ciertos
movimientos realizados por la hipotética víctima o imperfecciones de su
cuerpo podían delatar con toda claridad que el sacrificio no sería bien
recibido por Apolo, en cuyo caso se debía desistir del procedimiento. De
no ser así se producía el sacrificio del animal ofrecido, lo que
permitía, al fin, el acceso del consultante al interior profundo del
templo, el denominado ádyton, en donde estaba la Pitia y sus ayudantes.
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Era esta una mujer de Delfos, doncella en los
primeros tiempos y mayor de cincuenta años en fases más
avanzadas, que se caracterizaba por ser sensible a la
inspiración divina. Se nombraba para el cargo de por vida y
tenía la especial responsabilidad de recibir los divinos
mensajes.
Tras la entrega de una última ofrenda que se depositaba en la
mesa sagrada situada en el ádyton, la Pitia se sentaba en el
trípode, que antes había sido colocado sobre la grieta del
terreno que producía las sagradas emanaciones.
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Vista general del
Templo de Apolo |
Inspirada tanto por una rama de laurel, cuyas hojas quizás masticaba,
como por los vapores divinos, la Pitia entraba en un trance de delirio,
en el que era poseída por Apolo, produciendo confusos movimientos de su
cuerpo así como frases ambiguas que luego habían de ser debidamente
interpretadas por los profetas o sacerdotes del templo.

Sibila de
Delfos, Miguel Angel |
Esa ambigüedad de los mensajes divinos suponía,
lógicamente, que de no ser cumplido lo que el mensaje preveía la
causa se debería a la torpeza del consultante, que, sin duda, no
había asimilado correctamente el consejo del dios.
En todo caso, el oráculo satisfacía una necesidad
sentida por los humanos, que dominados por una naturaleza cuyo
aspecto irracional no podían comprender necesitaban conocer si
los dioses apoyaban o no los actos que iban a realizar.
Tras la respuesta del oráculo el hombre se sentía
liberado de una inmensa responsabilidad. Otra cosa es que,
posteriormente, la predicción se cumpliera o no, máxime si caso
de ser incumplida podía ello ser achacado a que el hombre no
había asimilado adecuadamente las instrucciones recibidas. |
La terraza donde se alzaba el templo estaba repleta de ofrendas
tales como lilares con esculturas como la de Perseo, ultimo rey de
Macedonia, o la estatua ecuestre de Eumenes II de Pérgamo. Estaba la
estatua colosal de Apolo Siltakas, el protector del grano. Existían
varias bases sobre las cuales se elevaban trípodes realizados en
materiales preciosos, oro y plata, el mas famoso el gran trípode de oro
donado por la confederación de griegos tras la derrota de los persas en
Platea, que se conserva en Constantinopla trasladado por el emperador
Constantino para adornar el hipódromo. Tres dolas de serpientes
formaban sus patas, las cabezas de los animales sostenían la jofaina de
oro macizo. Según la tradición alcanzaba los ocho metros de altura, el
diámetro de la jofaina era de tres metros. Este trípode cerraba el
espacio denominado el cuadrivio de los trípodes.
Otro de los monumentos legendarios era la denominada cuadriga del sol,
de oro o quizá de bronce dorado, obre de Lisipo, identificados, por
algunos autores, con los caballos que se encuentran frente a San
Marcos, en Venecia. También se debería mencionar el gran pórtico de
Atalo I, que los romanos transformaron en una presa de agua para unas
termas cercanas.
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