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PRECEDENTES:
ARQUITECTURA
GRECIA CLÁSICA
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Localización del
Santuario de Delfos, Grecia
(AMPLIAR)

Cronología del
Santuario de Apolo en Delfos
(AMPLIAR)
Plano del Santuario
de
Apolo, en Delfos.
(AMPLIAR)

Vista del Santuario
de
Apolo en Delfos

Esfinge procedente
de Delfos


Imágenes
crisoelefantinas procedentes de Delfos

Omphalos, Delfos
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El templo de Apolo se situaba en un santuario,
celebérrimo en la antigüedad, que se alzaba cerca del Parnaso,
monte consagrado a las musas, dominando el Golfo de Corinto, en
un lugar de relieve montañoso, recortado por las Fedríades, dos
inmensas rocas que forman una garganta de donde brota un
manantial cuyas aguas son sagradas desde tiempos remotos (la
denominada Fuente Castalia, cuyo nombre sería el de una muchacha
del lugar que, acosada por Apolo, se habría arrojado a la
fuente). |

Vista del Monte
Parnaso desde el Santuario de Apolo en Delfos |
En ella, precisamente, bebía agua y realizaba sus purificaciones la
Pitia, mujer sensible utilizada por Apolo para ponerse en contacto con
los humanos.
Solo dos menciones del mundo griego, entre las numerosas fuentes que
hacen referencia a este lugar, donde se pone de manifiesto la unión de
las creencias de los griegos y su adaptación al espacio y a las
condiciones naturales, que hicieron de la pitonisa de Delfos y sus
trances, gracias a las emanaciones de gases, una referencia esencial de
todo el mundo griego. Eurípides afirmaba:
“…He llegado a esta tierra de Delfos donde Febo
(Apolo) canta para los mortales sentado en el ombligo mismo de la tierra
y les manifiesta el presente y el futuro…” (Eurípides, Ion).
Muchos siglos antes el culto a este dios y su santuario fueron
mencionados por Homero: “…Es allí que el señor Apolo decidió
construir un templo agradable y dijo estas palabras: Tengo la intención
de construir un templo magnífico, oráculo para los hombres, que siempre,
para consultarme, conducirán a mis altares perfectas hecatombes. Los que
habitan el áspero Peloponeso, como los de Europa y las islas ceñidas de
mar, a todos ellos quiero dar a conocer mi voluntad infalible
pronunciando mis órdenes en un rico santuario…” (Himno Homérico a
Apolo).
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Fuente Castalia, André Louis de
Sinety (1847)
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En el santuario de Delfos las polis griegas y sus
ciudadanos consultaban el oráculo de Apolo, que habría llegado a
este lugar en tiempos remotos para establecerse en él y ordenar
que se levantase un templo en donde pudieran los humanos recibir
sus consejos.
Apolo mató a una serpiente monstruosa, conocida
como Pitón, que tenía atemorizados a los lugareños y que ocupaba
las inmediaciones de la Fuente Castalia.
Por ese motivo se le veneró aquí bajo la
advocación de Apolo Pitio, el que había matado a Pitón, cuyos
eran el trípode, mesita con tres patas que utilizaba como
asiento la Pitia, su sacerdotisa; el laurel, que facilitaba la
tarea profetizadora, y el ónfalo, piedra marmórea que
representaba el centro del mundo conocido por los griegos. |
Descripciones previas
El conjunto arqueológico de Delfos ocupa una serie de terrazas situadas
a distintos niveles, en las laderas del Parnaso. En la zona central se
encuentra la Fuente Castalia, que en su tiempo estuvo decorada con un
muro de mármol. El agua salía por bocas que representaban cabezas de
animales esculpidos en bronce. La Fuente Castalia surtía de agua al
santuario y en ella bebía y realizaba sus purificaciones la sacerdotisa
de Apolo, la Pitia.
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En las zonas inferiores se situaban el gimnasio,
del siglo IV a.C., dotado de una pista de entrenamientos, la
palestra, las termas y una piscina circular, y la terraza
denominada Marmariá, en la que en su día se levantaban dos
templos destinados a Atenea Pronaia.
El más antiguo fue destruido como consecuencia de
un desplome de piedras de la montaña, en tanto que el nuevo,
levantado en el siglo IV a.C., es un templo dórico cuya planta
tiene unas dimensiones de 22,60 por 11,55 metros. |

Vista general de
la terraza Marmaría |
Cerca de los vestigios del templo de Atenea, en la terraza Marmariá, se
sitúan los huellas de la tholos, templo de planta circular fechado
también en el siglo IV a.C. Su alzado se apoyaba en 20 columnas dóricas
situadas en la parte exterior, contando con otras 10 columnas jónicas en
el interior. Se encuentra reconstruido parcialmente, destacando, puestas
en pie, tres de las columnas y parte del entablamento. No se conoce la
advocación a la que se rendía culto en este templo.
La zona consagrada al santuario de Apolo ocupa la tercera zona
aterrazada, la más alta de las tres, situándose más allá de la Fuente
Castalia. Alcanza unas dimensiones de 190 por 135 metros y se
caracteriza por la fuente pendiente del terreno. En conjunto, existe un
desnivel del orden de los 70 metros entre las partes más altas y más
bajas del santuario.
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Los accesos al mismo se encuentran en lo que se
conoce como ágora romana, plaza empedrada en la que existían
tiendas en donde los peregrinos y viajeros, al igual que en los
tiempos modernos, compraban todo tipo de pequeños exvotos,
estatuillas, etc. Del ágora arranca la denominada Vía Sacra, que
tiene una anchura que oscila entre 4 y 5 metros y en la que
existen fuertes rampas. A los lados de la Vía Sacra, que se
encamina hacia el templo de Apolo, multitud de tesoros, exvotos
y estatuas demostraban el reconocimiento de las ciudades de la
Hélade hacia el dios. |

Tesoro de los
Sifnios en Delfos, c. 530-525 a. C.
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Entre esos tesoros destacan, como más importantes, el de los Sifnios
(525 a.C.) y el de los Atenienses (490 a.C.). El segundo guardaba las
ofrendas de la ciudad de Atenas tras la victoria militar de Maratón. Los
escritores antiguos nos han transmitido que la décima parte del botín
obtenido en esa batalla fue consagrado al dios Apolo en Delfos como
acción de gracias.
En la zona más alta del santuario, al final de la Vía Sacra, se
levantaba el templo de Apolo, estando protegida toda la zona por un
sólido muro construido en aparejo poligonal cuya función era evitar el
posible desplome del terreno. Hubo varios templos consagrados a Apolo,
en tiempo sucesivos. Los vestigios actualmente existentes corresponden
al sexto templo, que se edificó en el siglo IV a.C. con fondos
procedentes de una colecta panhelénica. Es un templo períptero, dórico y
hexástilo. Contaba con seis columnas en los frentes y quince en sus
lados, con unas dimensiones de 60,32 por 28,32 metros. En su pronaos
estaban gravadas las sentencias de los Siete Sabios de Grecia:
“Conócete a ti mismo, nada en demasía” entre otras.
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Vista aérea del
Santuario de Apolo, Delfos |
Pausanias afirma que frente a la fachada
del templo existía una estatua colosal de Apolo, realizada en
oro, de 16 metros de altura. En el ádyton, por otro lado, se ha
podido apreciar la existencia de cierto desnivel que nos
indicaría donde se situaba el ónfalo, ombligo del mundo, así
como el oráculo sagrado del dios.
En las inmediaciones del templo de Apolo,
apoyando su graderío en la ladera, se conserva el edificio del
teatro, del siglo IV a.C., que tenía capacidad para 5.000
espectadores.
Aquí, cada cuatro años, se celebraban
competiciones líricas y dramáticas que se incluían dentro de los
denominados Juegos Píticos, que tenían, al igual que los Juegos
Olímpicos, carácter panhelénico y que gozaron de gran prestigio
en los tiempos clásicos. |
Las competiciones físicas se realizaban en el estadio, cuya planta se
conserva en la zona oeste del conjunto arqueológico. La pista tenía unas
dimensiones de 178 por 25,6 metros, contando este edificio con capacidad
para 7.000 espectadores. Sus orígenes se remontan al siglo V a.C.,
siendo ampliado posteriormente por Herodes Ático.
En
Delfos se encontraba, precisamente, el ónfalo, ombligo del mundo
antiguo, situado en el adyton del templo de Apolo y representado por una
piedra de mármol recubierta por una decoración que asemeja una red
tejida en lana blanca. En Delfos, el centro del mundo clásico, Apolo se
ponía en contacto con los hombres para comunicarles sus decisiones sobre
la conveniencia o no de realizar determinadas acciones. |

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