ESCULTURA SUMERIA

 

LA ESCULTURA: CARACTERES GENERALES

La plástica se caracteriza sobre todo por el desconocimiento de los artistas y por la ausencia de obras de carácter individual o privado. Los autores se regían por una serie de pautas formales e ideológicas establecidas, lo que acarreaba que éstos no pudiesen manifestar su talento, no obstante, en el trabajo en bronce tenían más libertad que en la realización en  piedra.

Se pensaba que las esculturas eran fuerzas activas y por tanto poseían vida propia, por otra parte, su única finalidad era la de presentarlas ante el dios por lo que fundamentalmente estaban dirigidas al consumo religioso

Durante el Dinástico Arcaico I se emprende una búsqueda de formas nuevas que, por un lado, tendrán tendencia a la abstracción geométrica en el bulto redondo, y por otro, a un incipiente naturalismo en los relieves.

En la Fase de Uruk (3500-2800 a. C. aproximadamente) se comienzan a dar los primeros pasos hacia el perfeccionamiento y el control de las técnicas escultóricas. Se elaboran rostros y bustos que posteriormente se adosarán a la pared como relieves, mientras que el resto del cuerpo, al igual que la decoración de los alrededores, se ejecutaba en pintura.

En este estilo se enmarca la "Dama de Warka[1] ", que presenta una cabeza con un rostro y su parte trasera lisa con el fin de ir adherida a la pared, mientras que su cuerpo se encontraría pintado.

Pero, en este caso la base del cuello también era plana, por lo que podría estar montada sobre un cuerpo realizado en material perecedero y, quizás,  estaría recubierta por materiales nobles, como láminas de oro, así como un tocado y una peluca postiza también de oro.

Sea como fuere, no se conoce la persona a quién representa esta figura, aunque algunos investigadores opinan que debido al lugar en que se ha encontrado podría tratarse de Inanna, la Señora del Cielo, diosa de la guerra y del amor, que presenta un principio a la vez masculino y femenino, también conocida como Nana, Nin, Ninni, o más popularmente, como Isthar, titular del planeta Venus y adorada en la mayoría de las ciudades-estado de Mesopotamia.

 

Dama de Warka

En este período aparecen otra serie de estatuillas y vasos decorados, como es el caso del Vaso de Uruk, que se data hacia el 3000 a. C. aproximadamente. Está realizado en alabastro y tiene alrededor de 1 m. de altura, recoge la primera representación histórica de una procesión, así, en diferentes niveles aparece una sucesión de sacerdotes desnudos portando ofrendas a Inanna, ovejas, cabras, cereales y palmeras de dátiles.

Fragmento del Vaso de Uruk

A principios del III milenio a. C. no existía una escultura evolucionada, solo algunos ejemplos bien datados, como es el caso de una estatuilla de caliza representando a un portador agachado, de 7,3 cm. de altura, y que actualmente se encuentra en el museo de Irak, y dos bastas cabezas masculinas de Kish y Ur, realizadas en un material diferente, pues una se ha elaborado en terracota y otra en arcilla sin cocer, y en donde se evidencian aún restos de pintura. Estas cabezas seguramente formarían parte de estatuas completas.

En el último período del Dinástico Arcaico I se produce un progresivo perfeccionamiento del arte, comenzando a aparecer esculturas de bulto redondo de diversos tamaños y trabajadas tanto en piedra como en metal.

Este avance de la estatuaria sumeria se debe a la evolución y protagonismo que ha  adquirido la religión dentro de la sociedad y la economía de la ciudad, pues los templos atesoran una cantidad muy importante de tierras y de ganado.

Sin embargo, a pesar de que todas las esculturas se han encontrado en el interior de los santuarios, son escasas las representaciones de los dioses, por lo que en estos momentos sus imágenes serían símbolos o dobles humanos.

Durante el Período Protodinástico I y II (2800-2600 a. C. aproximadamente) se presentan imágenes con unas dimensiones que se acercan al tamaño natural, este aspecto se refleja en un pie de bronce encontrado en Tell Agrab, si bien es el único indicio de la existencia de este tipo de esculturas, pues el resto de las representaciones muestran a príncipes, sumos sacerdotes, cantores, etc., que se exhiben como figuras orantes.

Como norma general hay ciertas características comunes que se repiten en la estatuaria, así las imágenes son siempre exentas, aunque existen excepciones en donde pueden aparecer dos figuras sobre un mismo pedestal, pero sin formar un grupo, todas ellas desprenden un sentimiento de recogimiento y de quietud absoluta, por lo que en todas las representaciones las manos se encuentran unidas y cruzadas  sobre el pecho, en actitud suplicante, algunas veces portando vasos de ofrendas, normalmente la cabeza es bastante grande en relación con el cuerpo y un hecho normal es la dificultad que se manifiesta en doblar codos y rodillas, los ojos suelen ser grandes y coloreados presentando un círculo intenso. 

Durante el período Protodinástico II la abstracción geométrica pasa a dominar el trabajo en piedra, así cabeza, cuerpo y extremidades toman como modelo el triángulo, el prisma, el cono, etc..

Las figuras femeninas aparecen con grandes piezas de tela o una piel enrollada al cuerpo por debajo de los brazos, sujetando un extremo en el hombro izquierdo, mientras que la escultura masculina se presenta con el torso desnudo y un faldellín con la lana en su interior y una fila de mechones en la parte inferior.

Un gran ejemplo de este tipo de escultura es el grupo de estatuas votivas de Tell Asmar (antigua Eshnunna) encontradas en el templo de Abu, formado por una docena de figuras que cuentan con todas las variantes del punto de partida de la escultura sumeria en piedra.

 

Figuras procedentes de Tell Asmar

Este conjunto forma parte del ajuar escultórico completo de del santuario, en un momento dado las figuras se enterraron en el suelo inmediato al altar, en un rincón del templo, apareciendo no muy lejos de ellas otras serie de figuras, aunque de pequeñas dimensiones, unos 10 cm. de alto aproximadamente.

En este grupo se recogen las proporciones usadas en el arte sumerio, en donde la cabeza debía tener la séptima u octava parte de la altura total del cuerpo, si bien se le podían dar medidas mayores pues constituía la zona más importante de la obra.

Siguiendo los cánones establecidos, aparecen ojos grandes y de colores muy vivos, nariz larga y carnosa, lo que expresaba un signo de autoridad y señorío, los brazos se separan del costado dejando un espacio y disimulando la brusca transición del torso, que se convierte en un volumen geométrico, al faldellín, que realza mucho su forma cónica.

El cabello se representa en dos mitades totalmente simétricas, que se pegan a ambos lados del rostro, apareciendo con ondas horizontales. Los hombros son bastante anchos como coronamiento del tórax triangular, y muchas veces se encuentran desproporcionados, siendo en la parte alta muy anchos mientras que en la inferior son muy delgados.

Para que a las figuras no se le rompan las piernas, se las dota de pantorrillas y tobillos muy recios y cuadrados, lo que es evidente tanto en la estatua más grande, que representa al dios de la vegetación Abu, como en la de la sacerdotisa, que es la personificación de la Diosa Madre, encontrándose acompañada de la diminuta figura de su hijo, del que solo se conservan las pantorrillas y los pies sobre el mismo pedestal.

Grupo de figuras de Tell Asmar

Para solucionar los problemas de estabilidad, en algunas ocasiones la figuras poseen en la parte posterior de las piernas un pilar de sustentación que se refuerza con una peana de forma redondeada y bastante alta, de igual forma, en ocasiones se dejan bajo los pies duros pivotes que permiten asentar la figura en un pedestal bastante pesado.

Todo la escultura se talla en el mismo bloque y a pesar de que su objetivo era el de reforzar la representación, en muchas ocasiones se producían fracturas, por lo que  numerosas imágenes se fragmentaban, así, se pueden observar gran cantidad de restauraciones antiguas.

Las dos divinidades que aparecen se diferencian del resto del grupo en tres aspectos, pues además de presentar en su base unos emblemas que las identifican, también se distinguen por la estatura y por el enorme diámetro de sus ojos.

El dios Abu tiene una altura de 76 cm., la base sobre la que se sostiene posee un dibujo en relieve de un águila, que posiblemente contaba con una cabeza de león, pero ésta se ha perdido, y a cada lado una gacela con una rama de alguna planta, conjunto que se conoce como emblema de las deidades que se veneraban en los templos de la época protohistórica de Warka.

La estatua de la Diosa Madre se identifica al llevar incrustada la diminuta figura de pie que representa a su hijo. En calidad, ésta es inferior a la del dios, y sus enormes ojos, que poseen unas pupilas desmesuradas, aunque son los mismos que presenta la divinidad masculina no logran el efecto deseado.

La figura femenina también muestra una pequeña boca con labios en relieve, cabellos en bandas lisas sobre las sienes, la cara y la nuca que se mantienen firmes por un largo mechón que se tuerce a la derecha en la nuca, se enrolla todo alrededor de la cabeza y vuelve a entrar por debajo del comienzo del mechón en un tocado que tiene muchas variantes.

El vestido descubre la espalda y el seno derecho, volviendo a caer sin cinturón en un largo faldón sobre la espalda y el brazo derecho. El cuello es muy largo y la espina dorsal es visible por el vestido.

Dios Abu, Tell Asmar

El seno derecho apenas está remarcado. El brazo derecho está muy apartado, presentando una parte superior desproporcionada, pues aparece muy gruesa y va descendiendo hacia la parte inferior, que es bastante fina, hasta llegar a una pequeña mano. Cada una de las divinidades lleva una copa que aparece también en algunas de las otras imágenes, por lo que puede ser que se presentasen a sí mismos y a sus dioses como participantes de las fiestas más grandes del calendario del Año Nuevo, cuando por un momento la esfera humana y la divina parecen mezclarse, y el ser humano se sentía más cercano a los dioses. Las demás figuras rondan entre los 30 cm., (30.5 cm. uno de los hombres con barba), y los 40 cm., (40,6 un sacerdote).

El material con el que están realizadas las figuras varía, por lo que las más importantes muestran un equilibrio muy acorde con la creencia en que una vida oculta los animaba.En reglas generales, se podría decir que la gran estatuaria comienza con este grupo de doce estatuas, siendo el grupo más homogéneo y mejor conservado dentro del


[1] Warka era la antigua Uruk.

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