Cilión era un eupátrida que se había hecho popular en Atenas por triunfar en los Juegos Olímpicos. Yerno del tirano de Megara, Teógenes, consiguió de su suegro un destacamento armado, y, al mando del mismo, se apoderó por sorpresa, cuando se celebraba unas fiestas, de  la Acrópolis.

Pero pronto fue rodeado y sitiado por los eupátridas  y los conjurados fueron vencidos.

El golpe fallido de Cilón fue el comienzo de un largo periodo de disturbios provocados en gran parte por la arbitrariedad de los jueces eupátridas que, como únicos depositarios e intérpretes del derecho consuetudinario gentilicio, dictaminaban sistemáticamente en favor de la nobleza.

Como el descontento popular corría el riesgo de convertirse en motín, los eupátridas confiaron al arconte Dracón -en el año 621- la redacción de un código.