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LOS CELTAS: Edad de
Hierro I, Hallstatt

La primera parte de la Edad del Hierro céltica, datada en
torno a los siglos VIII y V a. C., recibe el nombre de una importante
necrópolis austriaca, Hallstatt, cuyo asentamiento debió estar asociado a
las minas de sal. En ella aparecieron unas dos mil sepulturas que muestran
un incremento de la diferenciación social así como la aparición de una
nueva clase dirigente, rasgos que se hacen más profundos con el comienzo
de los contactos comerciales con las colonias griegas durante el siglo VI
a. C. a través del corredor Ródano-Saona.
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Estas relaciones originan la aparición de una
serie de asentamientos en diversas zonas que están localizadas
en el este de Francia, concretamente en el monte Lassois, donde
se levanta un importante centro comercial que cuenta con una
fortaleza, y en el sureste de Alemania, donde aparecen también
fortificaciones en la cumbre de colinas, especialmente Heuneburg,
situada a orillas del Danubio, y Hohenasperg, que cuenta
con numerosos objetos provenientes de la región mediterránea,
entre ellos vasijas de cerámica y bronce para servir y beber
vino, costumbre que las elites celtas habrían adoptado de los
griegos.
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Se trataría de sociedades con una elite que controlaba los
medios de producción, las vías de comunicación y la tierra, y por ende, al
resto de la sociedad, aunque no se sabe como habrían adquirido esta
situación de privilegio, es posible que fuera transmitida por herencia de
padres a hijos, también se piensa que podrían ser grupos
conquistadores que se habrían logrado imponer a los pueblos en los lugares
en donde se habían asentado, o bien que ciertos grupos de guerreros se
habrían logrado imponer a los demás progresivamente. Otros investigadores
defienden las dos posturas, dependiendo de los casos y del territorio.
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Esta clase dominante estaba integrada por una serie de
individuos denominados Príncipes, conocidos fundamentalmente
por la riqueza de sus enterramientos, en donde solían aparecer
cerámicas griegas, bronces etruscos, grandes carros de cuatro ruedas y
joyas de oro, siendo entre ellas las más sobresalientes las fíbulas,
hebillas de metal provista de un pasador, utilizada en la antigüedad
para sujetar los vestidos, y los torques, tipos de collares de
metal, bronce u oro, cuyos extremos tomaban la forma de tapones
esféricos, y que posteriormente fueron adoptados por el ejército
romano como condecoración para los soldados, e incluso en el túmulo de
Heuneburg aparecen tejidos de seda procedentes de China.
Antes del siglo VI a. C. solo los príncipes y sus
familiares recibían sepultura en estos enterramientos, posteriormente
se van instalando sepulturas suplementarias, formando círculos
concéntricos alrededor de la tumba inicial.
De este modo, en el túmulo de Magdalenenberg, de
200 m. de diámetro, aparecen 126 tumbas alrededor de la cámara fúnebre
del príncipe.
Uno de los túmulos mejor conocidos es el de Hochdorf,
en Alemania. En él aparecía un cuerpo de 1.83 de altura sobre un diván
de bronce sostenido por figurillas femeninas, a su alrededor estaban
colocados los objetos del ajuar, formados por un caldero de bronce
adornado con cabezas de león y repleto de hidromiel, ocho cuernos de
uro, que se encontraban colgados de la pared y servían de copas,
además de otro cuerno más grande realizado en hierro, bronce y oro, y
un carro grande con un yugo metálico y las piezas del arnés.
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Reconstrucción del enterramiento de Hochdorf
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Caldero procedente del ajuar del enterramiento de Hochdorf |
También aparecían las armas del difunto, un carcaj con
flechas, un puñal, una bolsita de cuero con tres anzuelos, un peine,
etc..., todo lo que el príncipe había utilizado en vida. Este
enterramiento se ha datado entre el 550 y el 500 a. C., y su edad cuando
murió debió de situarse entre los 40 y los 50 años, lo que significa que
debía ser bastante mayor, teniendo en cuenta que la edad media rondaría
hacia los 30 años.
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Localización de yacimientos en
torno a Vix
(ampliar mapa) |
Otro enterramiento muy conocido es el de la Princesa
de Vix, en Francia, donde aparece depositada una mujer
de unos 30/35 años cuya muerte se fecha hacia el 480 a. C., se
trataría de una princesa que habitaba una fortaleza que dominaba una
ruta de comercio en el valle del Sena.
Según los estudios presentaba una malformación en la
cadera, artrosis en varias articulaciones y era poco agraciada.
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Su enterramiento se encuentra a tres metros de profundidad,
está instalada sobre un carro, adornada con lujosas joyas, como torques,
tobilleras, un collar de ámbar y diorita y una diadema de oro que rodeaba
su cráneo, aunque el objeto más importante encontrado es una crátera de
bronce con capacidad para 1100 litros y decorada con figuras de guerreros,
caballos y cuadrigas, un monstruo, y una gorgona adornando las asas. Su
fabricación es seguro que se estuvo en manos de broncistas griegos, lo que
demuestra una fluidez de los contactos comerciales con los griegos durante
el siglo V a. C.
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Los lugares de habitación de estos príncipes
eran residencias fortificadas, normalmente de dimensiones bastante
modestas, comúnmente rodeadas de un foso y una muralla. En su interior
se distribuían las casas, muy semejantes entre ellas. No había
avenidas ni edificios públicos, solo algunos espacios abiertos que
servirían como lugares de reunión. En estas residencias vivía el
príncipe, su familia, sus guerreros y sus sirvientes, el pueblo
habitaba en aldeas, o alquerías, pero posiblemente, cuando existía
algún problema se cobijarían junto con su ganado en las residencias
principescas.
Los jefes militares controlaban el comercio a larga
distancia, por lo que las residencias principescas se encontraban
situadas en los lugares estratégicos, con el fin de entrar en contacto
con el comercio mediterráneo, en su búsqueda de materiales diversos
cerámica, ánforas, copas, vino, etc.
Las fortalezas de Hallstatt se abandonan en el siglo V
a. C. sin que se conozcan las razones, trasladándose el centro de
poder al norte, hacia Hunsrück-Eifel en Alemania Occidental, Champaña,
Renania y Bohemia, lo que se vincula al desarrollo del estilo de La
Tène, que comprende la II Edad del Hierro europea, encuadrada entre el
siglo V a. C. y la dominación romana. |

Crátera procedente de Vix |
Aparece una nueva elite de guerreros que han conseguido
riquezas y poder debido a las campañas militares, y cuyas sepulturas, al
igual que las mujeres de la aristocracia, parecen ser la prolongación del
período anterior de los Príncipes, pero cuya diferenciación se debe a un
nuevo tipo de estilo artístico que decora los utensilios que forman parte
del ajuar, los puñales se reemplazan por largas espadas rectas, y
predominan las armas arrojadizas, el pesado carro de cuatro ruedas se
sustituye por el carro de guerra de dos, mucho más ligero y veloz,
desconocido para los celtas antes de mediados del siglo V a. C..
Ya no se levantan las fortalezas del período anterior,
habitan pequeñas poblaciones independientes bajo el mando de un jefe
militar, que no tendría mucha diferenciación del resto de los guerreros, y
no se ha encontrado ninguna figura análoga al rey o a un poder central.
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