LA EVOLUCIÓN DEL CARRO LIGERO DE COMBATE

 A TRAVÉS DE LAS IMÁGENES.

 

María Begoña del Casal Aretxabaleta.

 

EL APOGEO DEL CARRO LIGERO DE COMBATE Y SUS ÚLTIMAS MODIFICACIONES.

A partir de 1.600 a.C., y a modo de originalidad, cabe comentar que no está descartada la posibilidad de que los carros de Ugarit tuvieran un tiro de tres caballos[1], lo cual sería un aporte muy peculiar, ya que no se conocen paralelos, aunque seguramente fue poco eficaz.

Por las mismas fechas, las ruedas de los carros micénicos presentaban otra variante curiosa: tenían sólo cuatro radios (Fig. 10). Con estos vehículos y su armamento de bronce estos arios llegados a las costas mediterráneas, como todos ellos indiscutibles señores de la guerra, habían alcanzado la fuerza suficiente para reducir a los minoicos, anteriores y civilizados habitantes de la isla de Creta[2], los cuales habían permanecido anquilosados en el Calcolítico. Desde la isla más grande del Mar Egeo, los micénicos continuaron y mejoraron el comercio marítimo que los cretenses tenían establecido con las ciudades-estado de la costa levantina y con Egipto.

Mientras la Arqueología no demuestre lo contrario, el Egipto faraónico fue una excepción en este tipo de penetraciones violentas de pueblos arios. Hasta ahora se acepta que, hacia el 2.000 a.C., fueron semitas los que ocuparon pacífica y parcialmente el país del Nilo. En general, se considera que estas mismas gentes oportunistas aprovecharon un periodo de debilidad del poder establecido para dominar parcialmente el territorio egipcio, entre 1.640 y 1.550 a.C.; aunque no falten opiniones en favor del origen ario de estos ocupantes del país del Nilo[3]. Históricamente son conocidos por hicsos y no parece ser que constituyeran un pueblo propiamente dicho, sino un agrupamiento de extranjeros llegados por el norte, cuyo origen, desarrollo y dispersión, es tan oscuro que apenas permite sacar conclusiones sobre ellos.

16.- Sarcófago chipriota. Siglo VII a.C.

 

17.- Estela tartésica de Zarza Capilla. Siglo VII a.C. Piedr

18.- Carro asirio de un desfile de Asurbanipal. Relieve del palacio de Nimrud. 668-631 a.C. Yeso.

También ellos tuvieron a su disposición las armas de bronce y los vehículos rodados que marcaban la modernidad de la época[4]; en contra de un ejército egipcio que seguía armado con cobre y regido por el viejo sistema de la infantería.

 La primera vez que los egipcios poseyeron carros ligeros de combate fue al arrebatárselos a los hicsos como botín de guerra, lo cual no impidió que muy poco después Egipto llegara a disponer de tan importante cuerpo de carros como para hacerse respetar por sus enemigos del norte. En la imagen se aprecia la simplicidad de líneas del elegante carro de Yuia (Fig. 12), que fue Jefe de carros del ejército egipcio y, a su vez, suegro de Amen-Hotep III, notable faraón de la dinastía XVIII.

LA DECADENCIA DEL CARRO LIGERO COMO ELEMENTO CLAVE EN LA BATALLA.

Acaecidos poco antes del año 1.000 a.C. se detectan nuevos movimientos arios desde la región caucásica hacia el este y el oeste. En su expansión por oriente llegaron hasta Mongolia dejando allí, en Cherchen, sus espléndidos testimonios funerarios con materiales textiles comunes con los que todavía hoy se mantienen vigentes en las áreas europeas de población predominantemente celta; y hay más aún: la unión genética entre ambas poblaciones está ratificada por recientes estudios del ADN mitocondrial. Ellos o las hordas que desplazaron a su paso sembraron el terror en las costas mediterráneas, y hasta el poderoso Egipto se tambaleó por la presión a la que le sometieron los denominados Pueblos del Mar.  

19.- Carro votivo fenicio.

Con el paso del tiempo, los Imperios se fueron sucediendo, y se modificaron sistemas y costumbres.

Las hegemonías cambiaron de paisajes y los carros ligeros, que habían sido diseñados para lucha o la caza en terrenos relativamente llanos y áridos, donde podían maniobrar ágilmente y alcanzar gran velocidad, perdieron su utilidad militar, aunque nunca su atractiva vertiente de boato y lucimiento personal. Y puede que este culto a la propia vanidad hiciera que los adoptaran mandatarios de regiones más abruptas y arboladas, en las que eran inservibles para las acciones armadas.

Poco a poco, los pueblos de las costas mediterráneas se sumaron al lujo rodado. En Chipre se reflejó su uso en un bello sarcófago que demuestra cómo en la isla, hacia el siglo VII a.C., se adaptaron al diseño de rueda asiria de ocho radios (Fig. 16).

Otro legado delicioso es una representación fenicia donde dos hombres se comprimen en la caja minúscula de un carro con ruedas macizas, del que pueril y simbólicamente tira la cabeza exenta de un caballo apoyada sobre el timón (Fig. 19).

Los etruscos montaron en carros ligeros con ruedas de cuatro radios, siguiendo el viejo modelo micénico. Simultáneamente y en su imparable avance hacia occidente, la influencia mediterránea del uso ceremonial del carro de un único eje llegó hasta el límite occidental del mundo entonces conocido: el sudoeste de la boscosa Península Ibérica (Fig.17), haciéndose sitio en la cultura tartésica.

 

 

20.- Impronta de sello aqueménida, quizá representando a Darío I. Siglo VI-V a.C

 

 

21.- Modelo de carro iranio. Siglo V-IV a.C. Oro.

La impronta de un sello cilíndrico aqueménida (Fig.20), con motivo de caza, nos ilustra sobre el tipo de carro que se usaba en Persia en tiempos de Darío I (522-486 a.C), con sus ruedas de ocho radios, incluso en otros casos con nueve, como se aprecia en el magnífico modelo de carro iranio, fundido en oro entre los siglos V y IV a.C. que, además, recoge la antigua tradición de rueda claveteada de Tell Agrab (Fig.21).  

Y fue el mundo clásico el último que usó los espectaculares y lujosos carros triunfales para cultivar exclusivamente el ego del mandatario de turno. Grecia introdujo la cuádriga en las carreras de competición. Roma, pese a tener prohibida la entrada del ejército en la ciudad, recibió a sus generales y emperadores victoriosos subidos en sus espectaculares carros de parada militar. Y cómo no evocar aquí el ansia fallida de Augusto por recorrer las vías romanas con Cleopatra VII, la última reina de Egipto, humillada y caminando detrás de su carro de triunfo o la legendaria estampa de la altiva Zenobia de Palmira, entrando en Roma sujeta con cadenas de oro al carro de Aureliano...

Lejos de estos fastos, las modificaciones romanas del carro ligero, ya no de combate, se hicieron para las carreras circenses. A la caja se le restó el parapeto y quedó convertida en una simple plancha en rampa, con caída trasera, sobre la que el auriga se arrodillaba para poco menos que volar tras el par de caballos uncidos al timón y corriendo al galope.

Como caso excepcional de actividad bélica sobre carros hay que incluir que, entre los siglos V y IV a. C., los celtas se hacían enterrar frecuentemente junto a sus carros de combate de un solo eje, con protecciones laterales y sin parapeto delantero, y ruedas de ocho radios. Éste es el modelo que pudo ver actuar César en su contra durante las Guerras Gálicas (siglo I a. C.), poco antes de la completa desaparición del ingenioso vehículo creado por el hombre para destruir a sus semejantes además de potenciar su narcisismo, 2.550 años atrás. 

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[1] VITA, J.P. (1995): El ejército de Ugarit. Madrid, p. 73.

[2] Los niveles calcinados de palacios minoicos se pueden deber tanto a catástrofes naturales como a acciones bélicas propias del sistema invasor ario; cuyos paralelos incendiarios se encuentran en las viejas ciudades del valle del Indo.

[3] MONTENEGRO DUQUE, A y  SOLANA, J.M. (1986): “Etnias y pueblos confluyentes en la perspectiva histórica del Antiguo Oriente. GRAN HISTORIA UNIVERSAL, Vol IV. Madrid,  

[4] Curiosamente, en las excavaciones relacionadas con emplazamientos hicsos no han aparecido caballos y sí asnos.

 

 

 

 

 

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