LA EVOLUCIÓN DEL CARRO LIGERO DE COMBATE

 A TRAVÉS DE LAS IMÁGENES.

 

María Begoña del Casal Aretxabaleta.

 

LA RUEDA. DE AVANCE SOCIAL A INSTRUMENTO DE GUERRA (continucaión).

Tras adoptarse en las riberas del Indo el invento sumerio del carro, la civilización de Harappa hizo sus propias reformas en los vehículos.

En Mojenho Daro se han hallado diversos carros en miniatura. Uno de ellos es una carreta de transporte (Fig. 8), cuya plataforma presenta una forma ligeramente cóncava, destinada a concentrar el peso de la carga sobre el eje de sus dos ruedas discoidales, y en los laterales de la misma presenta varas de madera insertadas verticalmente para dar mayor protección a las mercancías y, quizá también, para sujetar un posible toldo destinado a librar de los rigores del sol al conductor y a los productos que llevaba.

Milagrosamente se conservan igualmente las representaciones del minúsculo carretero y del hermoso tiro de dos bueyes que éste manejaba. Un pequeño conjunto que hace evocar una sociedad práctica y pacífica, no exenta de cierto matiz bucólico.

8.- Carreta de transporte con dos ruedas. Cultura de Harappa. Hacia 2.300 a.C.Cerámica

 

9.- Carro ritual de dos ruedas de Mohejo Daro. Hacia 2.300 a.C.. Cerámica.

 

Diferente es otro modelo, igualmente hallado en Mojenho Daro, que comentamos a continuación. Se trata de un carro de dos ruedas, cuya pequeña caja presenta una planta en forma de D y tiene espacio para un solo viajero[1] (Fig. 9). Hay un detalle en esta pequeña cerámica que llaman la atención: su ocupante es una mujer sedente que se abraza las rodillas en lugar de conducir el vehículo. Esto parece indicar que, bien se trata de una ceremonia civil protagonizada por una dama o que es la imagen de una divinidad femenina sacada en procesión. Si se trata de la representación de una escena real, en cualquiera de los dos casos el par de onagros de tiro del carro tendrían que ser manejados por unos hipotéticos componentes de la no menos supuesta comitiva.   

Pese a todas estas variantes, en los albores del segundo milenio antes de Cristo la evolución del carro de guerra había llegado a un punto muerto. El talante arisco de los onagros sujetos al tiro y le lastre de sus pesadas ruedas no le permitían avanzar o maniobrar con rapidez, y estas dos cualidades eran vitales en las contiendas. 

Fue entonces cuando, procedentes del entorno del Mar Caspio, oleadas armadas de grupos arios se movilizaron hacia zonas más ricas en busca de nuevos espacios o simplemente de alimentos, siendo seguida su pista actualmente por estudios filológicos[2]. Su decidida intromisión en el mundo civilizado supuso el fin para los estados más débiles, a la vez que una amenaza para los fuertes, pues llegaban acompañados de dos novedades que iban a dar un giro a su favor en las contiendas bélicas: los caballos y las armas de bronce[3].

10.- Estela micénica de la tumba V. Siglo XV-XIII a.C. Piedra

 

Con su con sistema nómada de avanzadilla de jinetes guerreros seguidos y apoyados por todo un clan, que avanzaba a pie mientras custodiaba las pesadas carretas donde viajaban los heridos, los más débiles y sus escasas pertenencias, se dispersaron por regiones que les eran completamente ajenas. En dirección este llegaron hasta la región asiática de Tarim, relativamente cercana al desierto de Gobi y al nacimiento del río Indo por el sur, dejando allí testimonio de sus ricos y elaborados enterramientos. Aquellos que conocemos por iranios poblaron Irán y Afganistán.

Los que después serían denominados indoarios se dirigieron al sureste y esperaron algún tiempo antes de sentirse seguros para invadir, a sangre y fuego, las civilizadas ciudades del valle del Indo.

Los protohititas optaron por seguir la ruta occidental para quedarse en Anatolia, después de someter a sus anteriores pobladores, los luvitas, también arios. Los jonios, los eolios y los aqueos, prosiguiendo su tenaz viaje hasta la costa griega ( Fig. 11), donde los últimos acabaría siendo conocidos como micénicos. Y todo esto sin olvidar que la zona central de Europa también acogió a diversos clanes arios.

11.- Anillo micénico. Tumba IV.

Siglo XV-XIII a.C. Oro

 

Por su proximidad territorial con el alto grado de civilización que bullía entre los ríos Tigris y Éufrates, fueron los hititas los primeros interesados en aprender los sistemas de ataque y defensa de aquellos poderosos vecinos. Era evidente que en el manejo del carro ligero de combate estaba la clave para que sus armas de bronce sembraran el pánico entre sus enemigos, por entonces pertrechados con el blando cobre, y que conseguirían sus propósitos con creces si mejoraban aquel vehículo obsoleto. 

Todos los indicios señalan a la Península Anatólica como cuna de la rueda de radios, pero allí se daban cita dos pueblos que bien pudieron ser sus inventores: los hititas (Fig. 14) y los asirios. A los primeros les urgía ponerse a la altura militar del resto de las ciudades estado del Creciente Fértil para defender  su dominio en la zona. A los segundos, agrupados en colonias de comerciantes documentadas ya en el siglo XX-XIX a.C.[1], les interesaba agilizar el transporte de sus mercancías, posiblemente basado en la distribución por otras áreas culturales de los minerales que se extraían en las montañas de Anatolia: cobre, plata, plomo y pequeños objetos hierro producidos por los hititas, a la vez que vendían a éstos tejidos y quizá el estaño imprescindible para conseguir el bronce[2]. Sea cual fuere el pueblo inventor de la rueda compuesta, lo cierto es que las usadas por los asirios no coincidieron en el número de radios ni en su forma con las de los hititas. Los asiros (Fig. 18) aplicaron ocho radios, elegantemente torneados, por cada rueda; mientras que los hititas aligeraban el peso total del vehículo optando por seis, en este caso cilíndricos.

UNA MEJORA DEFINITIVA: LOS CABALLOS COMO ANIMALES DE TIRO. 

Siendo cualidades prioritarias del tiro del carro ligero de combate la docilidad y la rapidez, la mejora introducida en la rueda corrió en paralelo a la adopción de equinos más nobles y veloces que los onagros: los caballos.

Parece ser que los caballos se domesticaron para la monta en Asia Central hacia el 3.000 a.C., aunque no se sepa con seguridad qué etnia lo consiguió por vez primera. La duda razonable se establece entre los mongoles y algún pueblo de origen ario, seguramente los protohititas[3], incluso se piensa que ambos pudieron conseguirlo independientemente.  

Aún teniendo todos los caballos un mismo origen, los equinos asociados a cada uno de éstos dos pueblos no responden al mismo tipo. Los montados desde tiempos inmemoriales por los mongoles esteparios siguieron siendo muy semejantes a los que utilizaron los escitas, los persas de época clásica o los godos, vándalos, suevos, alanos y hérulos, en sus correrías por toda Europa; es decir, animales recios de tronco y cuello, con extremidades cortas[4], que pueden medir poco más 1,35 m. hasta la cruz. 

Por el contrario, y seguramente debido al esmerado trato dispensado por sus cuidadores, los caballos introducidos en el Próximo Oriente por los hititas, que posteriormente prosperaron entre babilonios y egipcios, ganaban a los de los mongoles en altura y esbeltez y son los antecesores inmediatos de la variedad hoy denominada raza árabe. Sirve como ejemplo el esqueleto de uno de ellos que fue hallado en la tumba de un noble egipcio[5], cuya altura está calculada entre 1,40 y 1,50 m[6]. Dada su costosa manutención los caballos fueron considerados animales de lujo, cuyo único servicio consistía tirar de los carros de combate usados por la flor y nata de las milicias de cada uno de los antiguos imperios que pugnaron incesantemente por hacerse con el control del Creciente Fértil.

 

13.- Carro hitita según iconografía egipcia. Relieve de la Batalla de Kadesh.  Siglo XIII a.C. Piedra.

 

14.- Carro de combate neohitita. S. VIII a.C. Carquemis. Relieve en piedra basáltica

 

15.- Carro de caza neohitita. S. IX-VIII a.C. Relieve en basalto (Karkemish).

Si bien Mesopotamia fue la cuna de la rueda, de la carreta arrastrada por bueyes y del carro ligero tirado por onagros, para sus habitantes del 2.000 a.C. los caballos eran simples “animales de montaña” sin mayor utilidad, y los habitantes de las tierras de entre los dos ríos no vieron caballos domados y sujetos a carros hasta la invasión aria de la tribu de los casitas (hacia 1.600 a.C).

El primer Tratado de Hipología conocido lo escribió, en lengua hitita, un hombre llamado Kikkuli (1.300 a.C.), gran conocedor de las características y las necesidades de estos equinos, además de ser experto en carros ligeros de combate[7], e hititas fueron quienes se especializaron en la cría, doma y atención a los caballos, convirtiéndola en una ciencia. Igualmente fue hitita la modificaron de las arcaicas estructuras del carro de guerra, consiguiendo un vehículo tan eficaz para el combate que no pudo ser mejorado por ninguno de sus contemporáneos. Entre las dos representaciones siguientes de carros militares hititas median seis siglos y el diseño de la caja sigue siendo el mismo, sin variación en los siglos que separan a los representados en el muro del templo de Ramsés II en Abu Simbel (Egipto) (Fig, 13) y los del palacio hitita de Karkemish (Fig. 15)


 

[1] RODRÍGUEZ NEILA, J.F. (1985): “Los asirios”. Cuadernos historia 16 nº 45. Madrid, p. 6.

[2] SÁEZ FERNÁNDEZ, P (1988): “Los hititas”. Akal, Historia Del Mundo Antiguo nº 5.Madrid, pp.44-46.

[3] RIZZO, A. Y SEMPE, M.A.: El caballo en su evolución e historia. [en línea] <http://www.medvet.com.ar> [ consulta: 08/02/02] 

[4] PUCCIO, D.D.: Planteo del problema; el caballo español y el africano. [en línea]  <http://www.chispazodetradicion.com.ar/planteo_del_problema.htm > [ consulta: 17/02/02]

[5] Sen-en-Mut fue un alto cortesano al servicio de la mujer faraón Hat-shep-sut, entre 1480 y 1464 a.C.+-.

[6] EGGEBRECHT, A (1984).: El Antiguo Egipto. Barcelona, p. 29.

[7] LARA PEINADO, F. (1998): Diccionario biográfico del Mundo Antiguo. Egipto y Próximo Oriente. Madrid, p. 223.

 

 

 

 

 

 

 

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