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ARTURO DE BRETAÑA LOS MITOS CELTAS DE UNA LEYENDA

 

MERLÍN

INTRODUCCIÓN

Los trazos básicos de la biografía del personaje, que tan alto papel esta llamado a tener en la epopeya bretona, se encuentran ya, con escasas variaciones, en los primeros textos historiográficos.

Merlín nace en Camarthen, engendrado nocturnamente por un incubo (un ekupede, un ángel caído por su lujuria, llamado Aquibez), en la hija, virgen, del rey de Demecia, al sur del País de Gales,  (la hija de un caballero pobre de la marca de Escocia y de Irlanda).

Aun niño, es llevado a la corte, ya que unos magos (o unos clérigos) han advertido a Vortiger, que ha usurpado el trono con la ayuda de los Sajones, que solo conseguirá terminar la torre defensiva, cuya construcción se desmorona periódicamente, si se mezcla la argamasa con la sangre de un niño sin padre.

Merlín humilla a los magos señalando que los derrumbes de la torre se deben a que bajo ella existe un lago subterráneo donde combaten dos dragones.

El joven Merlín profetiza luego la caída de Vortiger (el dragón blanco), el retorno de Uter Pendragon (el dragón rojo), el reino de Arturo (simbolizado por un jabalí) y la historia futura de los bretones.

Más adelante, Merlín, convertido en consejero del rey legítimo, interviene en la concepción de Arturo al ayudar a Uter Pendragon a satisfacer su deseo de yacer con Ygerne, esposa del Duque de Cormualles, haciéndole tomar por encantamiento la figura del duque, unión de la que nace Arturo.

FUENTES

Geoffrey de Monmouth compuso muy probablemente el personaje de Merlín (Merlinus Ámbrosius) a partir de dos tradiciones originadas en el siglo VI:

  1. La primera, transmitida por la historiografía bretona en latín, remite a un personaje llamado Ambrosius, a veces caudillo militar, otras,  simplemente dotado de videncia (episodio de la torre de Guortigim (Vortiger) y los dos dragones de la Historia Britonum).

  2. Por otro lado, Geoffrey debió aprovechar la figura de Myrddin, bardo o druida  que el folclore galés atribuía una existencia extravagante y enajenada en el bosque y al que se imputaba la autoría de varios poemas apócrifos de contenidos mánticos o proféticos.

El nombre de Merlín parece provenir de la adaptación del topónimo de su localidad natal (Camarthen, en galés Caermyrddin "ciudad de Myrddin"), de donde el latín obtendría Merlinus sustituyendo con una l la d original para evitar la cacofónica voz Merdintcs.

Es Robert de Boron, sin embargo, quien inserta el personaje en el gran ciclo narrativo artúrico del Grial concediéndole un papel de primer orden y una nueva y densa significación. El fragmento inicial conservado de su Merlin en verso y las prosificaciones supuestamente más fieles de esa obra y del Perceval perdido muestran como la historia de Merlín participa del proceso de profunda cristianización que se opera en la materia artúrica a fines del siglo XII.

La Trinidad y la Redención, los dos grandes temas de la trilogía de Boron, se vinculan señaladamente al personaje, que se hace crucial. Así, su singular nacimiento aparece ahora como el resultado de una maligna confabulación diabólica para engendrar al Anticristo en una familia pía, pero la intervención de Blaise, el confesor de la joven encinta, da al traste con la pretensión del demonio.

Merlín, pues, recibe el don de conocer el pasado (por su condición diabólica) pero también la gracia divina de la visión del futuro (con lo que no contaban las fuerzas satánicas). Bautizado con el nombre de su abuelo materno, Merlín, con dieciocho meses, defiende en publico a su madre, perseguida como prostituta por su insólita maternidad, y humilla al juez que pretende condenarla acusándolo de ser hijo de un sacerdote y profetizando la muerte de este ahogado, todo lo cual resulta cierto.

Refugiado periódicamente en el bosque de Brocelianda, donde vive sus amores con Viviana (a la que instruye en las artes mágicas), Merlin empieza a intervenir decisivamente en la corte: instituye la Mesa Redonda para formar una nueva caballería cristiana, profetiza los misterios del Grial (con sus tres mesas y sus tres elegidos), su propio destino (la discípula aventajada utilizará sus artes mágicas contra el encerrándolo para siempre en una cárcel de aire) y los hechos del reinado de Arturo, revelaciones que anota su fiel Blaise (o Helie).

Para Robert de Boron, Merlín es, sobre todo, el profeta de la suprema aventura, el responsable histórico de la nueva caballería, cuyos hilos maneja desde la profecía. Su condición de mago se subordina a la de profeta, emana de esta, de la que es solo un medio para su ejercicio benéfico

La versión de la Historia de Merlín de la Vulgata, la de la Post-Vulgata y el opus magnun tristaniano no difieren en demasiado de esa caracterización del personaje, aunque la sólida concepción de conjunto de la trilogía boroniana se diluye un tanto en unas novelas más atentas al color episódico (con nuevas aventuras y sucesos).

De ahí que Merlín, pese a seguir profetizando a menudo, no lo haga sobre cuestiones tan de fondo y trascendentes como antes: su figura es ahora la de un profeta de la guerra: la revuelta de los reyes rebeldes y la invasión de los sajones constituyen el núcleo central de la historia de Merlín tanto en la Vulgata como en la Post-Vulgata, un verdadero consejero político que interviene en el diseño de las estrategias militares de Arturo. Esta trivialización o mecanización de la actividad profética corre pareja una acentuación de la vertiente mágica del personaje (de la que se hacen especial eco las obras más tardías del género artúrico, bien en prosa bien en verso).

 

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