Nedstat Basic - Free web site statistics

 

 

ARTURO DE BRETAÑA LOS MITOS CELTAS DE UNA LEYENDA

 

EL MUNDO DE LA GUERRA

La condición militar de la clase dirigente va unida a la guerra, y con ella a su armamento, como me he referido anteriormente, las armas van íntimamente unidas a los personajes de la leyenda, Arturo tiene dos espadas famosas, Lancelot porta una lanza mágica, aparecen hachas de doble filo, el arco pierde función de nobleza, es indigno presentar batalla desde lejos a un enemigo, el combate cuerpo a cuerpo unido al rango de caballero, poseedor de montura, es inherente a los miembros de la mesa redonda.

Existen una serie de armas unidas a los grupos celtas y sajones, evidencias de la espada de Arturo o de la lanza de Lancelot, o el escudo no ha llegado, utilizaré como aproximación las armas contemporáneas conocidas por las crónicas de los historiadores contemporáneos y por el importante descubrimiento de Sutton Hoo. La guerra se realizaba con hombres, pero también con instrumentos destinados bien a matar o para vencer,  o bien para protegerse.

Tanto cuantativa como cualitativamente, estos útiles están siempre en función del nivel técnico de la sociedad que los produce, de las costumbres guerreras de los pueblos que los utilizan, de las iniciativas y de las reacciones tanto de los individuos como de las comunidades y de los poderes. En muchos aspectos, la historia de la guerra es la historia de las técnicas.

Si bien nuestros conocimientos sobre la táctica utilizada por los pueblos bárbaros que invadieron el Occidente romano son bastante fragmentarios, por el contrario, poseemos una mejor información acerca de su armamento, gracias a las fuentes narrativas (Procopio, Agatias, Gregorio de Tours), literarias (epopeya de Beowulfo), jurídicas (como la Lex Alamannorum), iconográficas y, sobre todo, arqueológicas.

En efecto, entre diferentes pueblos germánicos (en especial los francos y alamanes, de forma accesoria los burgundios, los anglosajones y los lombardos), la costumbre establecía que los muertos fueran enterrados con sus mejores ropas, con sus joyas y también con sus armas.

Esta costumbre tenía como consecuencia inevitable y directa una disminución del capital de los sobrevivientes al privarles de armas con frecuencia preciosas y costosas, pero era consecuencia de la tradición germánica, según la cual, el difunto, "que vivía en el más allá, conservaba tanto para esta segunda vida como para sus exequias, derechos imprescriptibles sobre una parte de su sucesión y en particular sobre los objetos muebles".

La ofrenda funeraria hecha a cualquier hombre debía comprender el conjunto de su Heergerüt (vestis bellica): armas, equipo y caballo de guerra. Dos creencias diferentes producían, de este modo, la misma consecuencia:

  1. el alma del muerto alcanzaba el lugar de su eterno reposo en compañía del doble de cada una de las ofrendas funerarias;

  2. el muerto, en su tumba individual, tenía una nueva existencia, rodeado de los objetos más familiares en su vida terrestre.

Parece que esta costumbre se generalizo en el siglo V, afectando incluso a poblaciones de origen "romano", quizá porque en ese momento se hizo más fácil procurarse armas y adornos de sustitución y porque el número de los usuarios aumentó.

Luego se dejó sentir una doble influencia, una romana, a tenor de la cual el muerto no tendría derecho de llevarse consigo una parte importante de sus bienes muebles, y otra cristiana, según la cual la presencia de ajuar en una tumba era indicio de paganismo. Además, entre los ostrogodos, visigodos y vándalos, no se encuentran armas en las sepulturas. Finalmente, desde el punto de vista arqueológico, solo una minoría de tumbas ofrecen un interés, las de los difuntos que se suponen que fueron ricos. Existe, por tanto una triple limitación, en función del tiempo, del espacio y de la condición socioeconómica

 

IR AL íNDICE