ARGANTONIO, EL “HOMBRE DE PLATA”

 

 

 

Todos o casi todos los textos que podamos leer que nos hacen trasladarnos a Tartessos, en general, y nos presentan a su rey más carismático, Argantonio, en particular, tienen algo en común y es que todos afirman o hacen especial referencia a la longevidad de sus gentes – y más concretamente de sus reyes -  y a las riquezas que se hallan en el territorio bajo su mando.

Fig. 1. La denominada máscara de Tharsis, posible retrato de Argantonio, según: Tartesos y el Carambolo. J. CARRIAZO, 1973, pág.25 (original y dibujo)

Vamos a intentar conocer un poco más a este rey ... ¿mítico?, ¿divino?, ¿real o imaginario?. Empecemos por el principio. Poco se sabe de los antecesores de Argantonio. Poco o nada. Incluso hubo momentos en que este rey se torna confuso y se adentra en la espesura del mito en el que están sumidos sus predecesores, entre ellos Gerión, que se enfrentó con Hércules; Norax, su nieto, que colonizó Cerdeña o Gargoris, que funda una nueva dinastía. Hasta aquí sólo nombres, pero veamos qué más podemos averiguar de estos personajes, dejémosles que nos hablen: Las fuentes griegas nos hablan de un primer rey, llamado Gerión ser fantástico de tres cabezas y tres cuerpos que, como ya hemos dicho, tuvo que luchar contra Hércules cuando a éste se le encargó robar sus rebaños. Este primer rey mítico, tuvo una hija que dio a luz a un varón, de nombre Norax, y que fue el siguiente  rey de Tartessos. Rey inquieto y curioso que le llevó a colonizar la isla de Cerdeña y fundar una ciudad que lleva su nombre: Nora.

De esta primera dinastía podemos sacar dos importantes conclusiones que más tarde nos ayudarán: Por un lado la gran antigüedad de la monarquía tartésica que podemos situar en el segundo milenio.

Por otro, la cuestión de la “colonización” de Cerdeña por Norax tal vez sea una recreación poética de lo que está ocurriendo realmente y que la arqueología nos ha mostrado:

 Tal y como nos informa el Dr. Maluquer de Motes[1], se ha observado, desde el II milenio,  una intensa relación marítima entre Cerdeña y la el Bajo Guadalquivir ¿Tartessos?.

Fig.2. Tesoro de El Carambolo

La otra dinastía todavía es más interesante, pues ya nos va acercando a nuestro apreciado Argantonio. Además, y permitiéndome el lujo de seguir al Dr. Maluquer, comienza una saga de características fundamentales en la formación de toda monarquía mediterránea, pues Gargoris y su hijo Habis transmiten a sus súbditos importantes conocimientos tales como la importancia de la miel, de mano de Gargoris o el arado con bueyes, la diferenciación de la sociedad en 7 clases y la distribución del trabajo, obra de Habis. Aquí vemos un hecho importante: La sociedad que “hereda” Argantonio es una sociedad estratificada, una comunidad urbana con clases sociales y especialización del trabajo, es decir, una sociedad, si se me permite, civilizada. Con una nobleza demandante de signos externos que la diferencien del resto, signos que vendrán de las continuas y necesarias relaciones comerciales y de intercambio, primero con fenicios y después con griegos.

Y llegamos, por fin, hasta el ansiado objetivo de esta presentación. Como decíamos al principio, cuando hablamos de Argantonio a todos nos viene a la mente riqueza metalífera (sobre todo cobre y plata) y longevidad de sus reyes. Hay muchas fuentes que confirman este último punto, aunque mientras unos le otorgan un reinado de 80 años y una vida de 120, como Heródoto, otros llegan hasta 150 (Plinio). Incluso algunos aventuran a darle la inaudita edad de 3 siglos. Por supuesto,  esto último es una exageración, pero aún así no es una hipérbole gratuita del autor sino una descripción, tal vez apasionada, de una realidad muy palpable. Es correcto mencionar ahora la palabras de Caro Baroja[2] que hablan de la “Felicidad”: “... la felicidad y la longevidad se atribuían a los tartesios ... según Estrabón”. Desde la noche de los tiempos, el hombre siempre a caminado en busca de Eldorado de su propia existencia, es decir, la felicidad. Y este término siempre ha estado asociado a dos hechos: Riqueza material y larga vida[3]. Nos guste o no, estemos o no de acuerdo, siempre, hasta nuestros días, ésos ha sido el objetivo de la felicidad. Si consideramos cierta esa ecuación, sin duda nuestro Rey, Argantonio, a juzgar por lo que nos ha llegado de él, era el ser más feliz del, por lo menos, todo el Mediterráneo. Y esa felicidad se transmite a su pueblo, y, así, entre los siglos VII y VI .C., Tartessos sería un reino dichoso. 

Pero Argantonio, mi admirado Rey, es más que un hombre es, además, un símbolo ya que  J. Alvar[4] nos informa de que algunos filólogos interpretan su nombre como “hombre de plata” lo que nos acerca a la idea de que este metal era muy abundante y que él, en ultima instancia, era su poseedor. Y eso le hace realmente atractivo a ojos fenicios, comerciantes por excelencia y que por aquellos años (630 – 550 a.c.) siguen arribando a las costas andaluzas para comerciar con el “rey de los tartesos”.

Mito o no, Argantonio es, permítanme insistir, símbolo de una realidad constatable, la riqueza minera del occidente peninsular. Riqueza que le dio la oportunidad de ser punto clave en las relaciones comerciales fenicias y que también sirvió para que la bondad de la tierra de Tarhsis fuera cantada y comentada por los grandes historiadores y gracias a ellos, hoy sabemos que en Tartesos ¿reinó? un hombre de nombre Argantonio, el más feliz de todos y referente indispensable para conocer nuestra protohistoria y, que si le permitimos, nos contará su versión de los acontecimientos históricos que lo toco vivir.   



[1] Juan Maluquer de Motes: “Tartessos”. Ed. Destino Vol. 309. Barcelona, 1990

[2] J. Alvar, J.M. Blázquez: “Los enigmas de Tarteso”. Ed. Cátedra Madrid, 1993 Juan Maluquer de Motes: “Tartessos”. Ed. Destino Vol. 309. Barcelona, 1990

[3] Juan Maluquer de Motes: “Tartessos”. Ed. Destino Vol. 309. Barcelona, 1990

[4] Juan Maluquer de Motes: “Tartessos”. Ed. Destino Vol. 309. Barcelona, 1990

 

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